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Gabriel.
Israel
Como en el supermercado del kibutz
no encontré queso para rallar,
un día que fuimos a Tiberias[i]
buscamos una quesería (o su
equivalente israelí), y encontramos
una en la zona céntrica. Por
supuesto que nos dimos cuenta de que
era una quesería no por lo
que decía el cartel, sino porque
vimos exhibidos los quesos. Así
que nos dirigimos a ella, pensando
en que alcanzaría con localizar
el queso buscado, señalárselo
al vendedor y pedirle un pedazo del
mismo. Si funcionaba esta estrategia,
el problema de comer tallarines sin
queso estaba solucionado.
Bien, el primer problema surgió
cuando no encontramos a la vista ninguna
pieza de reggianito, o sardo, etc.
Como en el local no sólo venden
quesos sino también otro tipo
de alimentos, lo primero que tuvimos
que hacer fue hacerle entender al
vendedor que lo que nosotros buscábamos
era queso. En un país en donde
uno no conoce el idioma, la tarea
más sencilla puede convertirse
en una empresa imposible. Entonces
pusimos en funcionamiento nuestra
estrategia. Cyn empezó a señalarle
una horma que estaba en primera fila,
al tiempo que balbuceaba "chis".
La horma señalada pertenecía
a la variedad "gruyere",
así que el vendedor, para demostrar
que había entendido, expresó
con su boca "gruyere".-
No, no!! -, le decíamos nosotros
con la boca y moviendo enérgicamente
los dedos índice de izquierda
a derecha. -Queremos queso para rallar.
Cara de inexpresividad del vendedor.
Evidentemente no entendía,
y corríamos serio riesgo de
seguir comiendo fideos sin queso.
Así que con la agilidad mental
que me caracteriza, tracé una
segunda estrategia. Pensé:
si dijo "gruyere", es porque
las variedades de queso se nombran
de la misma manera. Así que
lo encaré y le dije: "reggianito".
Otra cara de inexpresividad. Si no
entendió "reggianito",
menos va a entender "sardo",
y mucho menos "Mar del Plata".
Y aunque me hubiese entendido esto
último, no sirve para rallar.
Así que, desesperados, comenzamos
a hacerle entender con gestos, que
lo que queríamos era un pedazo
de queso para rallar. El buen hombre
entendió que queríamos
que nos rallara el gruyer...
En ese momento entendí que
haberme ido de la Argentina era mucho
mas grave de lo que imaginé.
Evidentemente, en Israel no hay mercado
para el queso de rallar, y por lo
tanto no se expende....Vencidos, volvimos
al kibutz.
A los pocos días ya estaba
considerando dirigirme a la Sojnut
para tratar de interceder por los
judíos italianos, los cuales
seguramente necesiten ayuda de ese
organismo para hacer aliá,
y para que trajesen sus sanas costumbres
desde su país, tales como comer
pastas con queso reggianito rallado....Pero
por una de esas casualidades, estando
yo en el supermercado del kibutz,
una vecina me mostró que en
una de las góndolas había
unos sobres con una variedad de queso
rallado. Miré, y traté
de leer de qué variedad de
queso se trataba. Decía algo
así como "parmezán",
o parmesano, en argentino.
Por supuesto que lo compré,
y resultó muy rico. Pero como
ya venía rallado, me pareció
un poco caro, y supuse que comprar
un pedazo y rallarlo yo, sería
más económico. Así
que en cuanto tuve la oportunidad
de volver a Tiberias, retorné
a la quesería, pero esta vez
sabiendo la palabra mágica:
"parmezán". Para
mayor seguridad, fui con alguien que
sabía hebreo. Le dije a mi
traductor que pidiese un pedazo de
parmezán, y así lo hizo.
El vendedor asintió con la
cabeza, con lo cual entendí
que tenía lo que yo estaba
buscando, y en ese momento sentí
la emoción de la victoria.
Todo volvería a la normalidad
muy pronto. Se dirigió a la
heladera, y sacó.... un sobrecito
como el que había comprado
en el super del kibutz.
-Lo, lo !!! -, exclamé yo
que, para entonces, ya había
aprendido a decir "no" en
hebreo. Le rogué a mi intérprete
que le aclarara que lo que yo quería
era el queso en un pedazo, y no ya
rallado.
Bueno, resumiendo: parmezán
en pieza no tenía, pero me
convenció de que llevase un
queso muy rico según él,
pero desconocido para mí, y
que dice que queda muy bien con las
pastas. Después de que lo pruebe
les cuento....
PD: Ya les comenté que se
consigue el dulce de leche Gándara
en el supermercado. Me sentía
tranquilo de saber que estaba allí,
al alcance de la mano, pero después
de lo que pasó con el queso
de rallar, por las dudas, fui y me
compré un tarro. No lo abrí
todavía, pero está en
mi heladera. Estoy pensando en ponerlo
dentro de una vitrina con la leyenda:"en
caso de emergencia rompa el vidrio"...
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[i] Tiberias: ciudad de Israel |